La preparación golpista

El testimonio del periodista Jesús Ibáñez, fundador en 1918 del periódico La Batalla de Oñón (Mieres), del quincenal La Dictadura de Caudal (Asturias) en 1920, y responsable, con el periodista madrileño Javier Bueno, de la redacción de Avance, diario matutino del Partido Socialista de Asturias creado por el SOMA (Sindicato Obrero Minero de Asturias), que en 1934 tenía su redacción en Oviedo, no deja lugar a dudas acerca de la preparación golpista por parte de la izquierda. Jesús Ibáñez parecía seguir la línea trazada por el sociólogo francés y promotor del sindicalismo revolucionario Georges Sorel: primacía de la dictadura del proletariado, la huelga y la violencia revolucionaria. Ibáñez pertenecía a las Juventudes Socialistas, aunque se hallaba más próximo a los métodos expeditivos de los anarquistas de la C.N.T. y el pensamiento bolchevique. En 1920 fue detenido en Gijón acusado de haber colocado una bomba contra un patrón. Salió absuelto, pero su actividad revolucionaria le llevó a las cárceles de Bilbao, Zaragoza, Barcelona y Oviedo, pasando además por presidios de Portugal, Alemania, Bélgica e incluso de su “querida Rusia”, adonde había llegado como secretario de Andrés Nin y donde trabajó como representante de la C.N.T. en la Internacional. A pesar de su situación, Ibáñez fue muy crítico con el estilo del régimen de Stalin:

La burocracia de los comunistas de manual siempre acaba chocando con mi carácter y al final la terrible policía de Stalin me identificó con los troskistas, la única ideología de izquierdas que no he tenido nunca. Tal vez los momentos más amargos de mi vida los haya dejado en las prisiones rusas… así de extrañas son a veces las cosas. (Reproducido de la Edición Digital de la Fundación Nin, febrero de 2006)

Sorprendentemente, a pesar de haber sido detenido en Mieres en 1923, acusado de promover un complot revolucionario, Ibáñez fue ignorado por la dirección del aparato del Partido Comunista de España, al que consideró “un ejemplo del sectarismo de los que me han acusado de dar bandazos en mi militancia, sin darse cuenta de que mi trayectoria no es más que el reflejo de mi propia libertad de mi pensamiento.”

En compañía de Javier Bueno, se responsabilizó de la redacción de Avance “para ir preparando la revolución del 34.”

Yo fui uno de los responsables del movimiento en Mieres y cuando llegó la lucha estuvimos juntos, siempre en primera línea, asaltando el Ayuntamiento de Oviedo, y en las cunetas de Pumarín y La Corredoria.

Ibáñez fue detenido e internado en la Cárcel Modelo de Oviedo. Tuvo como compañero de celda a Teodomiro Menéndez, militante socialista que intentó suicidarse arrojándose al patio del presidio, tras sufrir una crisis al verse denunciado por Ibáñez como causante de la detención del generalísimo de la Revolución, el también sindicalista Ramón González Peña. Tanto Jesús Ibáñez como Javier Bueno participarían activamente con el Frente Popular en la contienda revolucionaria y guerra-civilista del 36.

La conquista de Oviedo se convertiría en un símbolo para los revolucionarios, que veían en la ciudad el sistema circulatorio del poder y la burguesía asturiana. “¡A por Oviedo!” exclamaban. “Y tomaremos café en el Peñalba.” El café Peñalba, local que aún existe, ocupado por un banco, era “el café de los ricos”, el símbolo de la burguesía local, refugio de profesionales acomodados, profesores, abogados, médicos, empresarios, ingenieros, aristócratas, rentistas, banqueros y emigrantes enriquecidos. A partir de entonces, los que iban a mandar serían ellos, los obreros, los proletarios. (V. Cuetos España, 2007, p. 47)

Algo podemos añadir respecto a los preparativos de carácter golpista que el Partido Socialista, a modo de falanges juveniles socialistas, había puesto en marcha con bastante antelación y que Díaz-Nosty (1975, págs. 152 y ss) ha recogido en su estudio sobre la Comuna Asturiana.

Fue en las juventudes donde se dio el mayor grado de adiestramiento paramilitar. Las milicias iban a salir y constituirse en estas filas. Así, en un documento de la Comisión Ejecutiva de la Federación de Juventudes Socialistas, enviado a las delegaciones provinciales, con fecha 6 de junio de 1934, se podían leer párrafos que indicaban un cambio radical en las “prácticas” socialistas. Las enardecidas juventudes de los campamentos veraniegos iban a protagonizar -lo venían haciendo- el proceso catalítico reformismo activismo revolucionario, jugando un papel primordial en el desarrollo de los sucesos de octubre. La revolución asturiana, probablemente, no se hubiese planteado sin aquéllas. “Os reiteramos”-decía el documento- “con mayor apremio la creación de las mismas (las milicias), ante la constante y progresiva amenaza de la reacción… En muchos pueblos ya funcionan con admirable acierto y disciplina.” Más adelante daba “instrucciones especiales contra la represión y las suspicacias oficiales”.

Las instrucciones se resumían en ocho puntos cuyo carácter no podía dejar de ser alarmante para las autoridades republicanas:

1. No llevar armas sin fin concreto necesario;
2. Quitar del alcance de la policía toda documentación;
3. nombrar un Subcomité clandestino y facilitarnos los domicilios de los miembros de ambos Comités;
4. Crear con apariencias escultistas peñas campestres que harán ejercicios en lugares apartados;
5. Crear una sección rigurosamente secreta de espionaje, compuesta de individuos aptos por sus dotes especiales para suministrar toda clase de datos, situaciones, planos, intentos, organización, etc., de los elementos reaccionarios que puedan enfrentarse con nosotros: juramentados, con pena de muerte para los traidores;
6. Vigilar todos aquellos elementos e individuos sospechosos que, en el momento oportuno, pudiesen servir de enlace o ayuda a la reacción, ya sean partidarios declarados nuestros, ya neutrales;
7. Creación de una sección química para fabricar bombas y artefactos, rigurosamente secreta; sección que trabajará con tiento y hará pequeños y bien guardados depósitos de sus materiales y productos; cuantos individuos intervengan en esta rama estarán juramentados, con pena de muerte para los traidores; si no hay ningún individuo responsable que sepa encargarse de esta cuestión como jefe de milicia o como jefe técnico, enviará un delegado, al cual dará el secretario de la Federación Provincial o el jefe provincial de las Milicias, con carácter secreto y exclusivo, las instrucciones pertinentes;
8. Enviamos el duplicado de toda clase de datos, con las aclaraciones precisas.

Respecto al funcionamiento de las milicias, escribe Díaz-Nosty (1975, págs. 152 y ss), se daban una serie de orientaciones, independientemente de que cada grupo local pudiera operar en función de las circunstancias del medio en que se desenvolvieran. Estas normas, emanadas de la Federación Nacional, aparecen también reproducidas en Sánchez y G.-Saúco (1974, págs. 206-207), cuyo apéndice contiene, entre otros documentos, las instrucciones de la Federación Provincial de Juventudes Socialistas de Murcia para la constitución de las Milicias Socialistas. Estas instrucciones recogen las normas generales de la Federación Nacional para cada una de las Federaciones Regionales del Estado español. Reproducimos a continuación el texto completo:

Instrucciones para la constitución de las Milicias Socialistas (6 de junio de 1934)

Federación Provincial de Juventudes Socialistas. Murcia

A las secciones:

Estimados camaradas: Avisados oportunamente para la constitución de Milicias Juvenil-Socialistas, os reiteramos con mayor apremio la creación de las mismas, ante la constante y progresiva amenaza de todos los elementos de la reacción, en especial, el doble enemigo católico y fascista de las huestes de la C.E.D.A La persecución será clandestina. Contra ella, y por el triunfo de la revolución proletaria, hemos de estar preparados. Nuestra única salvación son las Milicias. En muchos pueblos ya funcionan con admirable acierto y disciplina. De todos esperamos lo mismo.
Las anteriores circulares que os hemos remitido facilitaban instrucciones especiales contra la represión y las suspicacias oficiales. Aquí no tenemos más que insistirlas y ampliarlas: a) No llevar armas sin fin concreto necesario. b) Quitar del alcance de la Policía toda la documentación. c) Nombrar un subcomité clandestino y facilitarnos los domicilios de los miembros de ambos Comités. d) Crear con apariencias deportistas peñas campestres que harán ejercicios en lugares apartados. e) Crear una sección rigurosamente secreta de espionaje, compuesta de individuos aptos por sus dotes y posiciones especiales, para suministrar toda clase de datos, situaciones, planes, intentos, organización, etc., de los elementos reaccionarios que puedan enfrentarse con nosotros, juramentados con pena de muerte para los traidores. f) Vigilar a todos aquellos individuos sospechosos, que en el momento oportuno pudiesen servir de enlace o ayuda a la reacción, ya sean partidarios declarados nuestros, ya neutrales. g) Creación de una sección para fabricación de bombas y artefactos, rigurosamente secreta; cuantos individuos intervengan en esta rama estarán juramentados, con pena de muerte para los traidores. Si no hay ningún individuo responsable para encargarse de esta cuestión, como jefe de milicia o como jefe técnico, enviarán un delegado, al cual dará el secretario de la Federación Provincial o el jefe provincial de las Milicias, con carácter secreto y exclusivo las instrucciones pertinentes. h) Enviarnos el duplicado de toda clase de datos, con las aclaraciones precisas.
Respecto al funcionamiento de las Milicias, podemos considerar los procedimientos de dos modos: de régimen interno y de régimen externo. El primero es un régimen especial de cada grupo de Milicias locales, cuyas normas propias de las condiciones indeterminadas de cada pueblo y de las circunstancias de cada momento, dependen de la intuición de cada jefe o de la decisión del Comité Local. Rogamos que si hay decisiones de más o menos trascendencia, se nos comunique.
El segundo procedimiento, que consideramos de régimen externo, por venir formulado de la Federación Nacional y la Provincial, se atendrá a las siguientes cláusulas:

1º Toda Milicia de las Juventudes Federadas de la provincia estará integrada por individuos pertenecientes a nuestras colectividades juventudes, al Partido Socialista y a la U.G.T, concediendo limitaciones para las últimas dos clases de milicianos.
2º Constituirán estas Milicias individuos aptos, distribuidos en grupos de nueve y un jefe.
3º Estos grupos estarán rigurosamente armados de toda clase de elementos de combate, ofensivos y defensivos.
4º Cada jefe de grupo enseñará el manejo de las distintas armas, especialmente el fusil.
5º La sección de explosivos recibirá su instrucción aparte, con artefactos simulados.
6º La estrategia en la lucha es determinada siempre por las condiciones en que se desarrolla ésta y es incumbencia del genio de cada jefe, pero recomendamos, en general, una lucha práctica de despliegue en guerrilla por sus buenos resultados.
7º Los Comités Locales elegirán a los Jefes de Grupo y Jefes Locales.
8º Es preferencia, para los mandos de cada grupo, aquellos individuos que hubiesen verificado servicio militar en las filas del Ejército español y salidos de él con graduación de clase o de oficial. Si es posible, el Jefe Local, de graduación superior.
9º Los Jefes Locales tendrán amplia autonomía en cuanto a táctica, instrucción, designación de puestos e individuos se refiere, pero en ningún caso podrán movilizar sin orden del Comité de la Federación Provincial.
10º Por su parte, el Jefe Superior Provincial tampoco podrá movilizar sin orden del Comité de la Federación Provincial.
11º Las insubordinaciones a los superiores serán juzgadas por los Comités Locales, que darán cuenta a la Federación Provincial, pudiendo recaer sobre el delincuente penas de expulsión o de índole más grave.

Todas estas instrucciones y órdenes no pueden tener ningún valor efectivo y real, si cada individuo no tiene plena conciencia del puesto que ocupa, y pone todas las fuerzas de su espíritu al servicio de la revolución. Nosotros, sobre el sepulcro sin gloria de la socialdemocracia alemana y el desastre en retirada del socialismo austríaco, haremos una revolución triunfante y gloriosa, no cayendo ni al primero ni al último ataque de la fuerza pública, no desmayando nunca, llegando al corazón del enemigo, y destruyéndolo en sus propias madrigueras.

Camaradas: Contra el fascismo y la reacción. Por la revolución socialista.
La Comisión Ejecutiva. 6 de junio de 1934

Las Juventudes Socialistas realizaban sus prácticas militares los días festivos, desfilando a continuación por los poblados de la zona. A ellos se unían a veces las Juventudes Comunistas, como prueba de la camaradería existente entre ambas organizaciones. Estas actividades se realizaban a plena luz del día, con conocimiento del entonces gobernador de Asturias, Blanco Santamaría, a quien, finalizada la revolución, se le exigieron responsabilidades por no haber sabido o no haber querido reprimir a tiempo, con la debida contundencia, aquellas paradas de carácter paramilitar a estilo bolchevique o fascista. Los propios diputados socialistas impidieron la detención de algunos jóvenes milicianos por las Fuerzas de Asalto, lo que envalentonó aún más a las ya enardecidas falanges socialistas, que cruzarían Olloniego al himno de “La Internacional.”

Citamos a continuación el “Decálogo del Joven Socialista” aparecido en Renovación, 12 de febrero de 1934:

Decálogo del Joven Socialista

1.- Los jóvenes socialistas deben acostumbrarse a las movilizaciones rápidas, formando militarmente de tres en fondo.
2.- Cada nueve (tres filas de tres) formarán una década, añadiéndole un jefe, que marchará al lado izquierdo.
3.- Hay que saludar con el brazo -vertical- y el puño cerrado, que es signo de hombría y virilidad.
4.- Es necesario manifestarse en todas partes, aprovechando todos los momentos, no despreciando ninguna ocasión. Manifestarse militarmente, para que todas nuestras actuaciones lleven por delante una atmósfera de miedo o de respeto.
5.- Cada joven socialista en el momento de la acción, debe considerarse el ombligo del mundo y obrar como si de él y solamente de él dependiera la victoria.
6.- Solamente debe ayudar a su compañero cuando éste ya no se baste a ayudarse por sí sólo.
7.- Ha de acostumbrarse a pensar que en los momentos revolucionarios la democracia interna en la organización es un estorbo. El jefe superior debe ser ciegamente obedecido, como asimismo el jefe de cada grupo.
8.- La única idea que hoy debe que hoy debe tener grabada el joven socialista en su cerebro es que el socialismo solamente puede imponerse por la violencia, y que aquel compañero que propugne lo contrario, que tenga todavía sueños democráticos, sea alto, sea bajo, no pasa de ser un traidor, consciente o inconscientemente.
9.- Cada día, un esfuerzo nuevo, en la creencia de que al día siguiente puede sonar la hora de la revolución.
10.- Y, sobre todo, esto, armarse. Como sea, donde sea y por los procedimientos que sean. Armarse. Consigna: Ármate tú y al concluir arma si puedes al lo posible por desarmar a un enemigo.

Para Díaz-Nosty (1975, p. 13), uno de los grandes expertos en la revolución asturiana, no cabe ninguna duda de que el Partido Socialista fue “el principal orquestador de los sucesos.” Julián Besteiro, que representaba, según Preston (2006, p. 71) el ala derechista del partido, intentó ralentizar el proceso de bolchevización que estaba teniendo lugar en su seno, lo que le granjeó la hostilidad de las agrupaciones juveniles, cada vez más radicalizadas.

© Emilio García Gómez – Junio de 2012